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Podcast: #1 - Draft de la NBA 2014

En esta nueva etapa de Balón de Platino dedicada exclusivamente al baloncesto, los podcast serán muy usuales. Trataremos de la mejor manera posible, en unos 20 minutos, los temas de actualidad del baloncesto. En el primero, hablamos con nuestros redactores Nacho Anaya (@TheTruthNA), Marc Carilla (@TheReal8MC) y Dani Arrojo (@DaniTona33), acompañados por nuestros amigos y expertos, Óscar Periz (@OscarPerizHoops) y Nacho Juan (@NachoJuanRules), sobre el NBA Draft de 2014 que se celebrará en el Barclays Center de Nueva York el 26 de junio del 2014.


Puedes escucharlo desde nuestra web: 
Puedes escucharlo desde iVoox: http://www.ivoox.com/podcast-1-draft-nba-2014-audios-mp3_rf_3242447_1.html

Previa Brooklyn Nets-Miami Heat


Algo más que una Semifinal de Conferencia enfrenta a Miami Heat y Brooklyn Nets. Y es que viendo las plantillas de ambos equipos, y añadiendo eso al estado de Indiana Pacers, equipo que hace unas semanas era uno de los favoritos y ahora ve como su vestuario cada vez se divide más, creo que no es descabellado considerar esta eliminatoria como una final anticipada. Además, se produce un nuevo reencuentro entre Paul Pierce y LeBron James, que en los últimos 7 años han llevado a sus equipos (Boston por un lado, Cleveland y Miami por el otro) a las Finales de la NBA en 6 ocasiones. Son, por tanto, los dos grandes dominadores en la Conferencia Este y, de nuevo, sus caminos se cruzan en la lucha por el título, ayudados por otros jugadores de lujo como Joe Johnson, Wade, Bosh, Deron Williams, Garnett o Ray Allen.
La Regular Season de ambos, aunque sobre todo la de Brooklyn, ha estado marcada por el reservismo. Ambos sabían que la temporada es muy larga y que todo lo que precede a los Play-Offs prácticamente carece de valor. El 54-28 de Miami pudo ser mejor de no haberse relajado al final. Y en el otro lado, Brooklyn, con un 44-38 fruto del intenso arreón final, logrando un sexto puesto que, como se está viendo, hace justicia respecto a la versión de temporada regular, pero no a la de Play-Offs. 

1- Veteranía: ¿pro o contra?

Como todo equipo de veteranos, a los Nets les puede pasar factura el desgaste físico acumulado en la serie ante Toronto. Kidd lleva toda la temporada dosificando a sus veteranos, y así ha seguido haciéndolo en la serie, sobre todo con Kevin Garnett. Pero aun así, Brooklyn jugará mañana en Miami 2 días después de cerrar la serie en un séptimo partido duro y con los casi 2400 kilómetros que separan Toronto de Miami a sus espaldas, contrastando con unos Heat que llevan 7 días sin vestirse de corto. Probablemente los Nets afronten los dos primeros partidos de la serie cansados, y deberán recuperarse rápido antes de que sea demasiado tarde. Pero Brooklyn ya contaba con ello al configurar su plantilla y, como prueba su banquillo, están preparados. Además, tener a jugadores con experiencia en series de este tipo es vital para saber afrontarlas. 

2- La ¿segunda? unidad

Tanto Nets como Heat tienen banquillos de primera, con hombres que podrían ser titulares en equipos pequeños y han decidido unirse a proyectos más ambiciosos, a cambio de ceder protagonismo. Sabida es la importancia de Shane Battier o Ray Allen en el juego de los Heat, sobre todo en Play-Offs, y si quiere tener opciones de pasar, el banquillo de Brooklyn debe estar a la altura. Marcus Thornton, Andray Blatche o Andrei Kirilenko deben ayudar a los titulares para tratar de decantar la balanza del lado neoyorquino. Sobre todo teniendo en cuenta que probablemente sea Paul Pierce el que defienda a LeBron James. Un Pierce que, a sus 36 años, ha sufrido en su defensa sobre Amir Johnson en la serie ante Toronto y que necesitará más ayuda de sus compañeros en esta tarea de intentar parar al jugador más dominante del planeta.

3- Los "desaparecidos"

El proyecto estelar de Brooklyn empezó con Deron Williams. Él fue el primero en llegar (Descontando a Brook Lopez, que llegó via Draft) y en torno a él se creó el equipo, un equipo para ganar a toda costa. No está cumpliendo las expectativas, en la primera ronda Kyle Lowry se lo merendó y en Brooklyn se ironiza con su "desaparición". En estos Play-Offs, Brooklyn necesita a D-Will, al D-Will de los mejores años en Utah, al D-Will centrado al 100% en la serie. En él empezaron las esperanzas del proyecto y, de fracasar este año, pueden acabar aquí. No sólo Williams debe aparecer, puesto que el rendimiento de Ray Allen en Miami no está siendo el esperado hasta ahora. Otro caso es el de Rashard Lewis, cuyo rendimiento ha caído en picado hasta ser una simple caricatura de lo que un día fue. Wade y Bosh han respondido toda la temporada, con menos brillo que efectividad. Ahora, en el momento de la verdad, no pueden esfumarse o Miami correrá serio riesgo de caer eliminados. 

La mayoría de las claves de esta serie corresponden a Brooklyn, puesto que los Heat deben limitarse a hacer lo que saben hacer como conjunto y, si las cosas van mal, poseen a uno de los mejores jugadores de la historia para cambiar las cosas. Mientras sean los mismos que durante estos últimos 2 años, todo debería ir bien. 

Debes saber: 
  • Los 4 partidos entre ambos de la Regular Season fueron ganados por Brooklyn. 
  • Miami Heat y Nets (entonces en New Jersey) se enfrentaron en las Semifinales de Conferencia de 2006, con victoria por 4-1 para los Heat, futuros campeones de la NBA.
  • La eliminatoria junta a 6 de los 15 jugadores en activo con más partidos en Play-Offs: Ray Allen (155), Paul Pierce (143), LeBron James (142), Kevin Garnett (138), Dwyane Wade (136) y Udonis Haslem (126)

Por los siglos de los siglos

Esta es la historia de un hombre que supo escuchar antes de hablar, para poder hacerlo con voz clara y segura, tan segura que es muy difícil encontrar hoy en día una voz que se le oponga. Y trabajar, trabajar tanto y tan duro como para poder exigir lo mismo a sus jugadores. Jugadores a los que, por encima de todo, decidió ser fiel como ellos lo eran respecto a él, formando algo más parecido a una familia que a un equipo de baloncesto. Y, además de hacer todo esto, cimentó aquí la base de su éxito. Tal es el éxito que desde que Gregg Popovich es entrenador de los San Antonio Spurs (1996) sólo se han perdido los Play-Offs una vez y han superado las 50 victorias en liga regular en 16 de sus 18 temporadas. 4 estandartes de campeón del mundo cuelgan del AT&T Center hoy en día, aunque la misión de "Pop" aún no ha terminado.

Nacido en la rural East Chicago, Indiana, hijo de emigrantes serbo-croatas, Gregg Charles Popovich estuvo a punto de seguir otro camino. Jugó al baloncesto en el instituto y la universidad, pero parecía más interesado por todo lo relacionado con la Unión Soviética, en torno a la cual cursó sus estudios, que en el deporte. Por suerte, Pop fue repescado para la causa como asistente y hasta dirigió a un pequeño college de la tercera división de la NCAA. Y ahí le llegó la llamada de su vida: Larry Brown le invitaba a unirse a su equipo técnico en los San Antonio Spurs. Este afán por bucear en las profundidades del baloncesto, en lo más remoto, se lo llevaría consigo Popovich, quien tras 4 años en San Antonio pasó a los Warriors de Don Nelson y el Run N' Gun. Y esta mezcla explosiva entre dos formas de ver el baloncesto siempre ha caracterizado a los Spurs de Popovich, probablemente el único equipo que, aún hoy, se siente igual de cómodo jugando a 90 puntos que a 110.
Popovich llegó a unos Spurs con David Robinson lesionado de gravedad, cuya temporada fue horrible. Los Spurs se hicieron con el primer pick del Draft y ahí les estaba esperando un proyecto de nadador olímpico al que un huracán destrozó su sueño pero le hizo elegir el camino correcto. Su nombre, Tim Duncan. Nacían las Torres Gemelas y con ellas una dinastía, que dio sus frutos ya en 1999 con el primer anillo. Duncan aprendía rápido y ya se llevó el MVP de las Finales. Vendrían tres años de sequía, pero en 2003, con la retirada de Robinson de fondo, los Nets se desplomaron ante el ya flamante MVP de la NBA. El segundo anillo que parecía marcar el final de una era resultó ser el asentamiento de la misma. 

Porque en aquel 2003 ya figuraban 3 hombres con los que nadie había contado de cara al futuro. Uno de ellos, bajito, pero a la vez listo, probablemente el jugador más inteligente que ha pisado una pista de baloncesto. Y hábil con el balón, a la vez que efectivo con el mismo. No es tan fácil encontrar un base que sepa en cada momento dónde debe estar el balón, y Popovich lo encontró donde muy pocos buscan: en Europa. Responde al nombre de Tony Parker y su leyenda sigue agrandándose. Llegó al mismo tiempo un hombre sin talento que había desfilado sin pena ni gloria por Francia y ligas menores en Estados Unidos. Muchas dudas respecto al fichaje de Bruce Bowen, pero de nuevo, Pop sabía la respuesta antes de escuchar la pregunta: Defensa, compromiso, esfuerzo y, cuando la ocasión lo requería, algún triple. Hoy, su camiseta número #12 cuelga del techo del AT&T Center. Y en 2002 se incorporaría un argentino, rescatado por Popovich con el penúltimo pick de un Draft mientras este jugaba en segunda división italiana: Manu Ginóbili, la efectividad en ambos lados de la pista y la fantasía fusionada en una camiseta con el número #20. Encontrando el talento donde nadie lo busca, como hizo su amigo Larry Brown para encontrarle a él, Popovich construyó unos nuevos Spurs. Sus Spurs. Supongo que el resto es historia. Anillos de nuevo en 2005 y 2007, y un resurgimiento casi milagroso en 2013, cuando los Spurs estuvieron a unos segundos de ganar otro anillo. Nadie los esperaba. Probablemente nadie creyó en ellos nunca. Es parte de su encanto. 

Los Spurs a los que llegó Popovich eran un proyecto prácticamente hecho, con Robinson como estandarte y rodeado de jugadores como Avery Johnson o Sean Elliott, a los que no sólo mantuvo en el equipo sino que permitió saborear el éxito. Pero los Spurs post-Robinson son totalmente obra suya. Él es el responsable del desarrollo, explosión y consagración de Tim Duncan, Parker y Ginóbili y de la perfecta armonía de estos tres con prácticamente todo el que ha jugado con ellos. Popovich sabe como nadie sacar lo mejor de lo que tiene. Bowen es sólo un ejemplo de lo que podrían acreditar Antonio Daniels, Malik Rose, Nazr Mohammed, Matt Bonner, Roger Mason o más recientemente Danny Green o Patrick Mills. Nunca han jugado tan bien, o, mejor dicho, nunca se han sentido tan útiles como con Popovich, y esa, en mi humilde opinión, es la clave de su éxito. Hacer que todo el que se viste de plata y negro se sienta útil, definiendo estrictamente los límites de cada jugador y dejando que ellos hagan lo que mejor saben. Por eso (sin quitar mérito a los tres jugadorazos que han acompañado siempre a Popovich en esta travesía) los Spurs siguen como una de las grandes franquicias de la NBA en una dinastía que pudo acabar en 2003. O en 2006. O tal vez en 2011. Pero sigue en pie de la mano del que acaba de ser nombrado por tercera vez Mejor Entrenador del Año. Por los siglos de los siglos, que así sea.

Cuando el tamaño no importa

Isaiah Thomas es un nombre que suena a baloncesto, a baloncesto y del bueno además. Quizá hace 2 o 3 años, a cualquier aficionado de la NBA le sonaría a Bad Boys, a aquellos Pistons que alcanzaron la gloria a finales de los 80 y principios de los 90. Pero no es el legendario Isiah Thomas el que nos ocupa hoy. Porque en estos últimos años otro base, otro jugón, como su "mentor" (al que algunos confunden con su padre) está irrumpiendo con fuerza en la NBA. Es Isaiah (imprescindible esa "a" intermedia para evitar confusiones) Jamal Thomas.

Curiosamente, la historia de su nombre también guarda relación con el eterno #11 Piston. En Junio de 1989, Detroit y Los Angeles Lakers medían sus fuerzas en las Finales de la NBA. Por aquel entonces, James Thomas acababa de tener un hijo, nacido en Tacoma, Washington, el 7 de Febrero de ese mismo año. Confiante en las opciones de victoria de sus Lakers, Thomas apostó que si ganaba Detroit, llamaría a su hijo Isiah, como la estrella de los Pistons. El resultado ya se sabe, aunque con una ligera modificación: esa "a" intermedia que los diferencia, presente gracias a su madre, Tina, que pretendía dotar a su hijo de un nombre bíblico. Así, la historia empezaba a ser escrita. Isaiah Thomas tuvo, desde poco después de nacer, una fuerte vinculación con el baloncesto.


No es de extrañar que el pequeño Isaiah tuviese un balón entre las manos desde muy pequeño. Pero, mientras todos a su alrededor crecían, Isaiah no lo hacía, o tardaba más en hacerlo, quedándose finalmente en los 175 centímetros que mide ahora. Y en una época en la que el talento abunda, sobre todo en el puesto de base, las cuestiones físicas cobran mayor importancia. Por lo que, pese a promediar 16 puntos en tres temporadas con los Washington Huskies, su sueño de la NBA parecía estar muy lejos.

Isaiah empezaría a ganarse el respeto desde muy abajo, desde abajo del todo. Y no sólo porque cuando llegó a la NBA era el jugador de menos estatura de la liga junto a Nate Robinson, sino porque en el Draft nadie se acordó de él. O mejor dicho, casi nadie. Había transcurrido ya una eternidad desde que Kyrie Irving se enfundase la gorra de los Cavaliers, destino Cleveland. Los Sacramento Kings sí le habían visto. Con el pick número 60, y cerrando ese Draft de 2011, la franquicia californiana seleccionaba a Isaiah Thomas. La carrera de Irving se presentaba como larga y majestuosa. La de Thomas, con suerte, le llevaría al training camp donde debería pelear un puesto que no tenía garantizado. Todo podía acabar en cualquier momento. Afortunadamente, no lo hizo.

Isaiah llegaba a una ciudad deseosa de recuperar la gloria pasada que dejaron los Webber, Bibby, Stojakovic o Divac. Pero esos deseos no pasaban por él. Porque en la universidad había un jugador de moda, en torno al que había una gran expectación y una tremenda ilusión, que también había ido a parar a Sacramento: Jimmer Fredette. Con él, Tyreke Evans y DeMarcus Cousins los Kings pretendían abandonar el pozo en el que se encontraban sumidos.

Pasó un verano de trabajo duro y en el que Isaiah parecía algo más que un pick de tantos de segunda ronda que cae en el olvido. Y llegó el debut ante los Lakers, curiosamente el equipo que, indirectamente, le dio su nombre. Y ya iba dejando cosas, detalles de lo que era capaz de hacer: 15 puntos a Memphis en su sexto partido en la NBAA, 20 a Toronto una semana después, y poco a poco se ganaría la titularidad. Incluso se atrevió a coquetear con el triple-doble, gracias a sus 23 puntos, 8 rebotes y 11 asistencias ante los Cavaliers de aquel jugador elegido 59 puestos antes que él en el Draft. Acabaría el año en el segundo mejor quinteto de rookies, y ya consagrado como titular por delante de Fredette. Ya al final de esa primera temporada, Thomas empezaba a captar la atención, y no sólo por su inesperada irrupción. Es difícil imaginar a un jugador de 1.75 que basa su juego anotador en penetraciones rapidísimas a canasta antes que en su tiro exterior. Pero Isaiah, gracias a su manejo de balón privilegiado y a su valentía es capaz de derribar las barreras de su déficit de altura, como ya ha hecho con tantas barreras que se han cruzado en su camino.

Thomas, Gay y Cousins, los tres grandes anotadores de los Kings
El resto ya nos lo sabemos. Poco a poco fue creciendo y creciendo más y más, sobrepasó por primera vez los 30 puntos y hasta participó en el Rising Stars Challenge del All-Star en 2013. Y en este 2014  ha dado definitivamente rienda suelta a su talento. Isaiah es uno de los 3 puntales anotadores de los Kings, con 20.6 puntos de promedio, casi 7 más que en 2013 (19º mejor en la NBA), ha mejorado su faceta como asistente (de 4.0 a 6.4) y la pasada noche inscribió su nombre en la historia logrando su primer triple-doble, con 24 puntos, 11 rebotes y 10 asistencias. El primer triple-doble de un jugador es siempre importante, pero en su caso lo es más, puesto que con su 1.75 es el jugador más bajo en la historia en lograrlo. No está nada mal para un jugador que pudo estar a unos minutos de desaparecer por completo del panorama NBA.

El rincón europeo en la NBA

La NBA siempre ha sido el Olimpo del baloncesto, la mayor constelación de estrellas existente, algo más que una liga profesional de baloncesto de la que los estadounidenses siempre se han mostrado orgullosos, y mucho. Tanto es así que, cerca de 70 años después de su fundación, los locales apenas han permitido el asentamiento en su liga de los europeos: sólo uno de ellos ha sido MVP, Dirk Nowitzki, ninguno ha logrado dicho galardón en un All-Star Game y muy pocos (tan sólo 7) lo han disputado. 13 de ellos tienen al menos un anillo de campeón en su haber, siguen siendo muy pocos. Desde que en 1985 un tal Georgi Glouchkov cruzara por primera vez el charco para dedicarse profesionalmente al baloncesto, han sido 127 los jugadores europeos que han jugado en la NBA. ¿Cuántos de ellos han triunfado? Probablemente, el número de fracasos supere al de éxitos, no obstante, hay algunos casos: Ya en los 90 Vlade Divac, que jugó 16 temporadas en la liga (más que ningún otro europeo), siendo All-Star, o Sarunas Marciulonis, miembro de los Warriors del Run TMC. También Toni Kukoc o el eterno enigma de qué hubiera pasado con Petrovic de no haber fallecido en 1993. Con la entrada del nuevo milenio las distancias se acortaron, y aumentaron notablemente la cantidad de europeos en la liga. Y gracias a eso hemos visto (y seguimos viendo) a los Gasol, Nowitzki, Parker, Kirilenko y compañía. Cada vez son más los jugadores que ven la NBA como un sueño posible y cruzan el charco a pesar de que el éxito apenas llega.

Aunque, pensándolo bien, eso no es del todo cierto. Probablemente los europeos (salvando al mencionado Nowitzki) no logren MVPs, ni ocupen las portadas de las revistas, ni puedan superar a prodigios físicos como LeBron James en un uno para uno. Pero Europa tiene su rincón, pequeño, que normalmente no supera el rango de anécdota en un fin de semana plagado de atracciones mayores. Pero el arte del triple, con el último ejemplo muy reciente, personificado en Marco Belinelli, es uno de los escasos aspectos en los que los europeos sí pueden mirar a la cara a los americanos, aunque estos, por supuesto, siguen siendo bastante superiores en el palmarés.
Si en algo ha enriquecido Europa la NBA ha sido en la nómina de triplistas. Procedentes del viejo continente, aunque educados en Estados Unidos, llegaron los alemanes Detlef Schrempf y Kiki Vandeweghe, los primeros participantes en el concurso en 1987. Schrempf llegaría a ser Mejor Sexto Hombre del año 1991 y 1992, jugando con Indiana. El eterno Drazen Petrovic también probó fortuna en 1992, cuando pasaba por su mejor momento, pero sin poder hacer nada ante un tal Craig Hodges.

No fue hasta 2000 cuando un europeo volvería al concurso. Y fue, quién si no, Dirk Nowitzki, el mejor europeo de la historia hasta el momento. Dirk, todo un desconocido de 2.13, espigado y flacucho que metía los triples igual en la segunda división alemana que en la NBA. 14 años después, con casi 36, Dirk ya ha disputado 11 All-Stars. Sin embargo ni en 2000, ni tampoco en 2001 lograría el alemán el cetro, que esperaría a 2006.
Entre medias, otro prodigio del triple, alto también, con una técnica impoluta que, como a Nowitzki, le abriría un hueco entre los mejores de la NBA. Evidentemente se trata de Peja Stojakovic, el yugoslavo de aquellos fantásticos Kings de principios del siglo. Peja lograría 2 concursos de triples consecutivos, en 2002 y 2003. 8 años más tarde, en 2011, se uniría a Nowitzki para conquistar juntos el único anillo de su carrera, con Dallas.

Estos resultados animaron a Radmanovic (2005) y Gallinari (2010) a probar suerte, sin éxito. Hasta hace 2 días cuando otro italiano, Marco Belinelli, logró traer de vuelta para Europa la corona. Belinelli se permitió el lujo de, presa del nerviosismo, llegar incluso a no tocar aro en dos de sus intentos. A veces los genios pueden permitirse eso. Preguntado por la prensa, contestó lo primero que se le vino a la cabeza: "I just shoot the ball". Y es que a veces el baloncesto es algo tan simple como eso, lanzar la pelota. Y para eso da igual ser estadounidense, tahitiano, o, como el amigo Belinelli, italiano.

La montaña rusa de Shaun Livingston


Hoy os traigo una historia bonita, aunque dura. La de un jugador que supo seguir luchando contra viento y marea cuando todo iba mal y ahora está viendo, por fin, la luz al final del túnel. Las lesiones se cruzaron en el camino del que estaba destinado a ser uno de los mejores bases de la década, pero Shaun Livingston ha sabido volver a encontrar ese camino para, poco a poco, dejar alguna muestra de lo que pudo ser, y p
or desgracia, probablemente nunca será a causa de esa rodilla maldita.

Shaun Livingston en el instituto
Me remontaré a 2004, cuando Livingston estaba considerado como uno de los mejores jugadores de high-school de Estados Unidos. Eran los años de Dwight Howard o LeBron James, quien marchó a la NBA un año antes. Y también se hablaba mucho de Livingston. Incluso, llegó a ser comparado con Magic Johnson. Sus 2 metros de altura, brazos largos y sobre todo, su capacidad pasadora llamaban la atención a los scouts NBA. Shaun manejaba el balón como pocos pueden soñar con hacerlo, inventaba pases imposibles y daba exhibiciones con la esférica entre sus manos. Y se vio preparado para el Draft.

Casualidades del destino, llegó a Los Angeles, como Magic, pero al otro equipo, los Clippers. Conocidos en ese momento por su mala visión en el Draft, dado que aún estaba reciente el pick de Michael Olowakandi, Shaun quería demostrarles que él sí era una buena elección. Pero la rodilla empezó a darle problemas. En su año rookie sólo jugaría 30 partidos a causa de las lesiones. Como sophomore, contó con menos confianza y menos rendimiento en pista, quedándose en 6 puntos y 5 asistencias de promedio. Pero en la temporada 2006-2007 todo empezó a funcionar.
En ese año se vio al Shaun más desatado, recuperó la confianza y las ganas de jugar. La rodilla no era un problema. 19 puntos, 8 asistencias y 5 robos contra Washington. O mejor, los 14 puntos y 14 asistencias contra Golden State, probablemente el mejor partido de su carrera. Era 24 de Febrero de 2007 y Shaun estaba en su mejor momento, subido en una montaña rusa sin aún saberlo. Se daría cuenta pronto.
2 días después, los Clippers recibían Charlotte. A los pocos minutos de empezar el primer cuarto, Shaun roba un balón y marcha hacia la canasta. Una bandeja fácil que falló, pero en menos de un segundo eso sería lo de menos. Al caer, su rodilla izquierda se desintegró en mil pedazos. Rotura de 3 de los 4 ligamentos de la misma. Caída libre. Parecía el fin del trayecto.

A partir de ahí, su travesía particular por el desierto. Los Clippers no querían a un jugador con tendencia a las lesiones y en el que las mismas podían afectar mucho a su juego. Y le llegó la hora de viajar. Muchos contratos cortos, como parche para cubrir lesiones o de prueba para ver si seguía siendo capaz de aportar algo. Se recorrió el país entero. Miami, Oklahoma, Washington...incluso Charlotte, donde pudo anotar algunas canastas como la que se le resistió aquel fatídico día contra los propios Bobcats.

Pero no se rindió, y en verano le llegó la oportunidad de unirse a todo un aspirante al título, los Brooklyn Nets. Resignado, aceptó su papel minoritario, debido a que los Nets ya cuentan con Deron Williams en el puesto de base. Pero las lesiones que le cerraron las puertas un día le concedieron una segunda oportunidad este año. En una de las primeras ausencias de Deron, anotó 23 puntos. Ante Milwaukee, ya con Deron recuperado, también tuvo minutos. Y 20 puntos. El vagón volvía a subir por las rampas de la montaña rusa. 
Y este pasado viernes llegó la gran noche. Deron Williams de nuevo en el banquillo lesionado, y Shaun Livingston titular contra los Miami Heat, el equipo que le volvió a dar la oportunidad de jugar al baloncesto tras la lesión. Y aquella noche Livingston volvió a ser el de antes. 19 puntos, 11 rebotes, 5 asistencias y 3 tapones. Jugó 51 minutos en los que se gustó, dirigiendo al equipo y aportando cuando se le necesitaba. Incluso, regaló varias jugadas de calidad, como un tremendo mate tras un espectacular spin-move de los que ya no se le creía capaz de hacer. Era él, de nuevo. Shaun Patrick Livingston. Recordando aquellos días, meses, años de calvario y sonriendo desde arriba en su particular montaña rusa. 

Desde Europa, con amor...

Poco más de 24 horas para que finalice la cuenta atrás y, por fin, arranque la NBA. Llevábamos meses esperando este momento, meses en los que hemos hablado (y mucho) sobre los equipos, las estrellas de la liga, la pelea por el MVP...pero si hay un tema que genera ilusión cada año es el de los rookies, las caras nuevas que llegan a la liga, esos jóvenes que apenas han llegado a la veintena, pero ya están llamados a encabezar el futuro de una franquicia. ¿Quién no ha hablado, o leído en su TL los nombres de Oladipo, Noel, Bennett o McLemore? Pues no sólo llegan ellos. Como cada año, varios jugadores europeos se aventuran, cruzan el charco en busca de una oportunidad en la mejor liga del mundo. Con este artículo, intentaré que conozcais a los nuevos jugadores que llegan a la NBA. Desde Europa, con amor...

1. Luigi Datome (Detroit Pistons): Empiezo por el que es, para mí, el jugador con más talento de los que llegan a la NBA. Que lo pueda demostrar es otra cosa, porque llega a un equipo donde el juego interior está más que cubierto. Datome es un '4' que puede jugar de '3' en la NBA para compatibilizar minutos con el resto de interiores. Posee una capacidad anotadora tremenda y es un gran tirador exterior. Datome llega de Roma con un MVP de la Lega Italiana recién logrado, y tras dejar muy buenas sensaciones en el Eurobasket. Buscará hacerse un hueco, pero no lo tendrá nada fácil.

2. Nemanja Nedovic (Golden State Warriors): A sus 22 años, Nedovic llega desde Vilnius para cubrir las espaldas de Stephen Curry en Golden State. Puede dar unos muy buenos minutos a los Warriors desde el banco. Nedovic es un base con muchos recursos para anotar. Tanto atacando el aro como tirando desde fuera. Tiene un gran manejo de balón y una tremenda capacidad de salto, incluso le ha llamado 'el Derrick Rose europeo'. Evidentemente, no es para tanto, pero el serbio puede ser un proyecto de futuro muy interesante para Golden State.






3. Nick Calathes (Memphis Grizzlies): Otro de los mejores bases europeos del momento que, 4 años después de ser drafteado, decide dar el paso. Calathes jugó ya en la NCAA, siendo seleccionado en el Draft de 2009. Pero decidió probar el baloncesto griego, de donde procede su padre (él nació en Florida). Llega del Lokomotiv Kuban, donde recaló tras 3 años en el Panathinaikos. Calathes puede actuar de base o de escolta, pues mide casi 2 metros. Flojea en el tiro exterior, pero gracias a su altura rebotea por encima de la mayoría de los bases e incluso puede postear o penetrar a canasta. Llega a uno de los mejores equipos de la NBA, donde espera aportar como complemento desde el banquillo.

4. Pero Antic (Atlanta Hawks): Un portero de discoteca en la NBA. Si vemos el aspecto físico de Antic sin duda nos lo creeríamos. Un 2.11 macedonio de pelo rapado, tono muscular definido, barba y tatuajes. Con esta descripción, Antic nos encaja más en un perfil de jugador luchador, guerrero en la pintura, pero además tiene un gran tiro exterior. Llega a la NBA con 31 años, tras irrumpir en la élite europea en 2011 cuando llevó a la modesta selección macedonia al cuarto puesto, lo fichó el todopoderoso Olympiacos. Dos años y dos Euroligas después, cruza el charco, porque más vale tarde que nunca, y llega a unos Atlanta Hawks en los que tendrá que ganarse el puesto con el sudor de su frente. Como lleva haciendo toda su vida en Europa.

5. Sergey Karasev
(Cleveland Cavaliers): Este escolta ruso de 20 años, drafteado por los prometedores Cleveland Cavaliers parece que contará con pocos minutos este año. Llega desde el Triumph Lyubertsy moscovita, donde, entrenado por su padre, promedió 16 puntos el año pasado en Eurocup, la segunda competición continental. Zurdo, buen anotador, pero debe mejorar su selección de tiro si quiere hacerse un hueco, pues en ocasiones se acelera y se precipita. Quizá debería haber continuado con su progreso en Europa, pues llega sin haber jugado nunca la Euroleague. Veremos si ha sido demasiado pronto, o si los Cavs sacan lo mejor de esta nueva joya rusa.

6. Vitor Faverani (Boston Celtics): El samba parece haberse instalado en Massachussets, pues en sólo 2 temporadas 3 brasileños, contando a Faverani, han jugado allí. Vitor llega a la NBA desde Valencia tras 8 años en España, en los que ha pasado por varios de los niveles más bajos de nuestro baloncesto. En 2 años, ha pasado de celebrar un ascenso a ACB a jugar en el equipo con más títulos de la historia de la NBA. Pívot de 2.11, muy batallador, gran reboteador y con recursos en ataque. Un punto muy a favor del brasileño es que en el juego interior de los Celtics no hay nada decidido, así que desde la pretemporada ha peleado para hacerse un hueco en la rotación. Y esa es la mejor manera de ganarse a la afición céltica.

* Giannis Antetokoumpo (Milwaukee Bucks): Termino con un jugador al que no sé muy bien dónde colocar. El bueno de Giannis (llamémosle así, antes que por el apellido) no se cree aún lo que está pasando. Alero de 2.06, aunque muy versátil, con buen manejo de balón, lo que le permite actuar en varias posiciones. El griego ha llamado la atención por su enorme potencial físico. El problema es que sólo lo ha mostrado en la segunda división griega. Ni en primera división, ni mucho menos en competición europea. Lo cierto es que no ha dejado malas sensaciones durante la pretemporada, pero ofrece muchas dudas. Tiene mucho trabajo por hacer si no quiere ser un nuevo 'Caso Milicic'. El tiempo, y sobre todo, su esfuerzo determinarán si Giannis hizo lo correcto.
Y el mismo caso del griego con Schroder y Gobert, a los que no hemos visto destacar en el primer nivel europeo, pero que han llamado la atención a los scouters por su potencial y cualidades físicas (sobre todo en el caso del segundo).

En definitiva, Europa es una mina de talento baloncestístico, y estos son sus nuevos representantes en la NBA. Con todo preparado, balón al aire y...¡a disfrutar!



Gracias, capitán

Ayer llegó el día: Paul Pierce, junto a Kevin Garnett y Jason Terry, era presentado como nuevo jugador de los Brooklyn Nets. Atrás quedan 15 años defendiendo la camiseta de los Celtics, 15 fantásticos años cuyo legado es inmenso.  La cara de Pierce parecía triste, y en el fondo lo estaba. Creo que el propio Pierce nunca se había planteado dejar Boston, pretendía retirarse de verde. Pero, dadas las circunstancias, y aunque nos pese a muchos, creo que Boston ha tomado la mejor decisión posible.



Me iré al principio de estos 15 años, pues muchos os sorprenderéis sabiendo que Paul Pierce era un gran aficionado a Los Angeles Lakers. Pierce era de Inglewood, California, donde jugaban aquellos Lakers de Magic Johnson y Kareem Abdul-Jabbar. Y como todo aficionado a los Lakers, no creo que al propio Paul Pierce le cayeran muy bien los Celtics.
Llegado el día del Draft, tuvo que esperar hasta el puesto 10 para oír su nombre. Quedaba ligado a los Boston Celtics. ¿Quién se lo iba a decir?



Pues 15 años más tarde, ese chico que lloraba en el Draft, en parte por caer más bajo de lo que esperaba, pero quizá también porque creyó caer en el equipo equivocado, deja los Celtics visiblemente contrariado y triste. Los años fueron pasando, y Pierce se iba empapando de la historia, de la filosofía céltica, empezaba a sentir el verde como suyo. Atrás quedaban sus noches en el Forum de Inglewood. Él ya era un Celtic. Lo ha seguido siendo hasta hoy, y lo seguirá siendo siempre. Boston le ha calado, pero Pierce nos ha calado más a nosotros.


Desde aquel 1998, desde el primer día, se ha ganado a la afición. Ya sea con actuaciones en la pista, o fuera de ella. Siempre lo ha dado todo, hasta el último gramo por defender esta camiseta, como en el año 2000, cuando recibió varias puñaladas, de las que tardó 10 días en recuperarse, ese es quizá el mejor ejemplo. Anteayer, por iniciativa propia, lanzó el HT #ThankYouBoston en Twitter, agradeciendo a todos los célticos el apoyo de estos últimos 15 años. Por cosas como esta, y por todo lo desmotrado durante estos años, creo que Pierce se ha metido a toda la Celtic Nation en el bolsillo. Todo lo que no sea ver su #34, con el que tanta gloria nos dio, colgado del techo del Garden, será una decepción.



La sombra de Paul Pierce es alargada, pues en sus 1102 partidos logró: 24021 puntos, segundo en la clasificación histórica, sólo tras Havlicek, 6651 rebotes, séptimo, 4306 asistencias, cuarto histórico, que no está nada mal para un alero. Líder en robos, en triples, en tiros libres...en definitiva, muchísimas estadísticas. Un anillo con MVP de las Finales, además de disputar otras Finales, mejor quinteto de rookies en su debut, 10 All-Stars, 1 vez en el segundo quinteto, otras 3 en el tercero, 1 concurso de triples...y muchos partidos ganados, gracias a su clutch, a ese sexto sentido para aparecer cuando es necesario y desequilibrar un partido.



Seguramente, muchos ya me conocéis. Sabréis que soy Celtic, sabréis que Paul Pierce es más que un ídolo para mí. Soy un gran aficionado al baloncesto, a la NBA, a los Celtics, y toda mi afición a la NBA probablemente no hubiese existidos si no hubiese estado Paul Pierce ahí.
La NBA la conozco, por decirlo de algún modo, desde 2007. Pero no fue hasta 2010 cuando empecé a seguirla más activamente, viendo resúmenes y boxscores y en 2012, cuando descubrí definitivamente que merece la pena quitarse unas horas de sueño por ver la NBA.

Siempre recordaré mi primer partido en directo. Ya llevaba siguiendo la liga un par de años, estaba bastante informado y puesto al día. Boston y Atlanta. Eran Play-Offs 2012, y Boston visitaba Atlanta sin Rondo ni Ray Allen, con la necesidad de ganar. Apareció él, Paul Pierce, anotando 34 puntos y cogiendo 15 rebotes para llevar en volandas a los Celtics. Ese partido me marcó aún más, pues Pierce ya era uno de mis jugadores favoritos, pero en aquellos Play-Offs me convertí definitivamente en un declarado defensor de The Truth. He disfrutado muchísimo en esta triste temporada con él, con sus canastas, con sus tiros clutch, con su liderazgo, llegando a reconvertirse en un buen director de juego. De lo único que me arrepiento es de haber llegado tan tarde, pero me alegro de haber disfrutado de este Pierce, mermado, y en el ocaso de su carrera, sigue siendo The Truth. Y tengo la corazonada de que esto no ha acabado aquí, pues Pierce es el primero que desea retirarse como Celtic. Y me da la sensación de que no va a parar hasta que no lo consiga. Te seguiremos esperando con los brazos abiertos. Gracias y suerte, capitán.



Por Nacho Anaya Coll (@TheTruthNA)

Recordando a....los Celtics del 2008

Se vienen días muy duros para toda la parroquia céltica. Tras el fracaso de la última temporada, Danny Ainge ha decidido acabar con la era del Big Three, que tan felices ha hecho a los célticos durante estos casi 6 años, y comenzar un nuevo proyecto de reconstrucción. Decisión que, para mí, es correcta, pero complicada de digerir para muchos célticos.

Viendo como acaba esta era dorada, que ha dado un anillo, unas Finales de la NBA, y otras Finales de Conferencia a los Celtics, creo que es buen momento para viajar en el tiempo, de vuelta a 2007...y recordar como empezó todo con aquella gloriosa temporada 2007/08.

Mayo de 2007. Boston acaba la temporada con un pobre registro de 24-58, y el Draft no sonríe y cae el quinto puesto, lo que elimina toda opción de seleccionar a Greg Oden o Kevin Durant. El 28 de Junio, durante la noche del Draft, Boston selecciona con ese pick #5 a Jeff Green...pero no estaría mucho en Boston. Minutos más tarde, él, Delonte West y Wally Szczerbiak marchaban rumbo a Seattle. A cambio, llegaba el hasta entonces 7 veces All-Star Ray Allen, y Glen Davis, el pick 35.



Pero lo bueno estaba por llegar. El 31 de Julio, se producía el mayor traspaso de la historia por un sólo jugador: Kevin Garnett. Por KG, los Celtics se deshicieron de gran parte de ese equipo que tan pésimos resultados había dado: Al Jefferson, Theo Ratliff, Ryan Gomes, Sebastian Telfair y Gerald Green.



Con ese trade, los Celtics tenían un quinteto competitivo, con el joven Rajon Rondo, que apuntaba maneras ya por entonces, dirigiendo la nave. Tres All-Stars como Ray Allen, Paul Pierce y Kevin Garnett, y el defensivo Kendrick Perkins jugando de pívot. Pero faltaban jugadores de banquillo, y Ainge se ocupó de conseguir a los mejores. Veteranos de élite como PJ Brown o Sam Cassell, que llegaría más tarde, en Marzo, harían olvidar la negativa de Reggie Miller, a quien Danny Ainge había intentado convencer. Jugadores que a la postre serían muy importantes en los momentos clave, como James Posey o Eddie House, unidos a los que ya estaban: Leon Powe, Tony Allen. Boston tenía grandes jugadores, pero...¿tenían un equipo?

Ahí es donde entra el trabajo de Doc Rivers, del que se habla mucho menos de lo que se debería. Doc logró juntar a esos jugadores y formar un gran bloque, un conjunto, casi una hermandad. Todos eran útiles, todos eran necesarios. Pierce, Garnett y Allen estaban acostumbrados a ser el alma de sus equipos, pero en Boston podrían reducir sus competencias, es la ventaja de tener dos All-Stars y a todo un equipo detrás, y descansar, algo que empezaba a ser necesario dada su edad.



Con todo esto, con mucha ilusión, y algunos aún asombrados por los movimientos de Ainge, arrancaba la temporada y parecía que sí, que Boston volvía la élite y por la puerta grande. Un inicio de liga apabullante, logrando 29 victorias en 32 partidos, y las nuevas estrellas acopladas desde el primer momento. Garnett anotó 22 puntos y capturó 20 rebotes en el primer partido, Ray Allen consiguió 33 puntos en el segundo. Los Celtics avanzaban como una apisonadora, y así siguieron durante el resto de temporada regular, acabando con un registro de 66-16, el segundo mejor de la historia, a sólo una victoria del 67-15 del 86. Aquel año, 1986, había llegado el último anillo de los Celtics. ¿Lograría el nuevo Big Three poner fin a la sequía?

Llegados los Play-Offs, Boston mostró ciertas dudas. El primer rival era Atlanta, y en los partidos de casa se ganaba de forma holgada, en todos por 19 o más puntos. Sin embargo, los Celtics fueron incapaces de ganar en Atlanta, lo que forzó un Game 7, el primero de esta generación. Boston calló todas las críticas ganando por 34 puntos, y pasando una ronda de Play-Offs tras 5 años. Kevin Garnett fue el mejor jugador de esta serie.



Algo similar pasó en semifinales de Conferencia, ante Cleveland. Boston ganó de forma holgada los dos primeros partidos, "secando" a LeBron James, pero esa defensa asfixiante parecía cesar al salir de Massachussets, dando la opción a Cleveland de forzar un nuevo Game 7. Ahí apareció un soberbio Paul Pierce, anotando 41 puntos, y LeBron James no pudo hacerlo todo sólo. Anotó 45 puntos, pero Boston ganó y pasó a las Finales de Conferencia.



Boston generaba dudas. Un equipo que optaba a ganar la NBA mostraba dos caras: La de Boston y la de fuera. En casa, una apisonadora, 8 partidos, 8 victorias, pero fuera esa apisonadora desaparecía. 6 derrotas en 6 partidos. Hasta el momento, daba la sensación de que Boston se había salvado de equipos muy inferiores sólo gracias al factor cancha. ¿Les serviría contra los rivales más fuertes?
Pues ese planteamiento de asegurar victorias en casa y tomárselo con más calma fuera no funcionó ante Detroit, que ganó el Game 2 en Boston. Primer reto, obligados a ganar fuera para recuperar el factor cancha, y primera respuesta, en el Game 3. Boston volvería a asaltar Detroit en el Game 6 y a ganar 4-2. 21 años después, los Boston Celtics volverían a unas finales de la NBA. La final soñada, de vuelta a los 80. Boston Celtics vs  Los Angeles Lakers.



Bird, McHale y Parish llevaban mucho tiempo retirados, pero había otro Big Three en Boston, el formado por Pierce, Garnett y Allen. En los Lakers ya no estaba Magic Johnson, tampoco Kareem-Abdul Jabbar, pero sí Kobe Bryant, en busca de su cuarto anillo, acompañado por Pau Gasol, Derek Fisher o Lamar Odom entre otros.



Game 1: Boston ganaba de nuevo en unas Finales, por 98-88. Garnett fue el mejor, con 24 puntos y 13 rebotes, pero fue clave Paul Pierce. En el tercer cuarto se desplomó y fue retirado en silla de ruedas, parecía algo muy grave. Pero nada ni nadie puede con el corazón de The Truth, que volvió a pista minutos después y anotó dos triplazos para asegurar la victoria.

Game 2: Segunda victoria para Boston, por 109-102, sufriendo mucho más de lo previsto, ya que Boston ganaba de forma clara hasta que los Lakers apretaron y estuvieron cerca de remontar. Leon Powe fue el factor sorpresa, anotando 21 puntos en 15 minutos. La cosa pintaba bien para ir a Los Angeles.

Game 3: Los Lakers ganaban su primer partido por 87-81, una mala actuación del Big Three de Boston y los 36 puntos de Kobe Bryant les sirvieron a los de Phil Jackson para ponerse 2-1.

Game 4: Sin duda el mejor de las Finales. Boston dejó medio muertos a los Lakers tras remontar 24 puntos de desventaja y ganar por 91-97. Una fantástica segunda mitad en la que Eddie House, Posey, Pierce, Garnett y Allen aparecieron para dejar a Boston a un pasito del anillo.



Game 5: Los Lakers, heridos en su orgullo, al menos se aseguraron llegar vivos a Boston, logrando el 3-2, pese a los 38 puntos y 8 asistencias de Pierce.

Game 6: 17 de Junio. 22 años después, Boston volvía a ser una fiesta. Los Celtics ganaban su decimoséptimo anillo y lo hacían aniquilando a los Lakers, por 131-92. El capitán, Pierce se llevaba el MVP de las Finales. 



Así fue como unos Celtics destrozados pasaron en sólo 12 meses a ganar el anillo. Se viene un período de reconstrucción, volvemos a acordarnos de 2007. Pero también es un período de ilusión, y siempre con estos Celtics gloriosos en el recuerdo. Toca pasar un bache, pero estoy convencido de que, tarde o temprano, los Celtics volverán con fuerza.